CÓMO PREPARAR, ENCENDER Y FUMAR UNA PIPA

31 de enero de 2007

Antes de nada, me gustaría advertir que los siguientes consejos son fruto de mi experiencia personal, y que por ello no pretendo que sean universalmente válidos. Cada pipa es un mundo, y cada fumador, un Universo. En la Red podéis encontrar varias páginas con información de este tipo, aunque yo destacaría sobre todas la del Barcelona Pipa Club, que fue donde empecé a dar mis primeros pasos “en serio” en este mundillo.


Lo primero de todo, evidentemente, es comprar la pipa. Se podrían escribir libros completos sobre cómo elegir una buena pipa (que no tenga masillazos ni poros, que tenga conducto del humo perfectamente alineado con la cánula o boquilla, etc., etc.) pero para un principiante este es un aspecto que se puede obviar. De hecho, podría empezarse con una pipa de maíz (o “corn cob”), que es la que usaban el general MacArthur y Popeye, y que se caracterizan por su bajo precio (menos de 10€) y por ser desechables (se acaban quemando). La pega es que, al menos que yo sepa, no se pueden encontrar en la ciudad de León. En cualquier caso, cualquier pipa barata de 20 € puede valer para iniciarse. Es recomendable separar la boquilla del cuerpo de la pipa (pero no a lo bruto, sino haciendo como si tuviera rosca) y tirar la pieza metálica que suele venir encajando las dos partes: se supone que es un filtro o “enfriador”, pero sólo sirve para generar humedad, llenarse de roña e impedir un poco el paso del humo.

En cuanto al tabaco, puede valer un Borkum Riff ligerito (como el Ultra Light, o el Vanilla, o el Whiskey): no es que sea una marca santo de mi devoción, pero puede encontrarse casi en cualquier estanco del mundo.

Otros adminículos que conviene comprar son el atacador (un artilugio con aspecto de pequeña y extraña navaja suiza) y los bastoncillos limpiapipas. Ah, y un encendedor de gas.

Bien: tenemos la pipa y tenemos el tabaco. Para empezar, se abre la bolsa, se cogen hebras de tabaco a pellizcos, y se van introduciendo en el fondo de la cazoleta con cuidado. Cuando esté llena hasta la mitad, mientras se sujeta la pipa con la mano izquierda, se presiona el tabaco de su interior con el pulgar derecho, pero sin aplicar mucha fuerza. Después repetiremos la operación llenando la cazoleta, pero esta vez ejerceremos más presión. Finalmente, haremos una tercera carga llenando la pipa hasta el borde, y presionado mucho más fuerte. Este método, conocido como “el de las tres cargas”, es el más aconsejable para los principiantes. Suele decirse que la primera carga hay que apretarla con la fuerza de un niño, la segunda con la fuerza de una mujer, y la tercera con la fuerza de un hombre.

Para “alisar” y nivelar la superficie de la última carga podemos usar la parte del atacador acabado en superficie plana, conocido como “retacador” o “atacador” propiamente dicho.

Una vez hecho esto, aplicaremos la llama. Lo ideal sería emplear cerillas, pero para un novato es harto difícil (lo sé por experiencia propia), por lo que lo más fácil es usar un mechero de gas con una llama de longitud generosa, pero sin pasarse. Lo más normal es que el tabaco se apague al poco de prenderlo, así que no hay que dejarse vencer por el desánimo: se vuelve a nivelar con el retacador, y se vuelve a encender (ahora será mucho más fácil).

Durante la fumada se forman humedades dentro de la pipa que tienden a salir por la boquilla dejando un sabor realmente asqueroso en la boca. Se suelen detectar porque la pipa “hace gorgoritos” al aspirar. La solución es simple y compleja a la vez: hay que introducir un limpiapipas por la boquilla y hacerlo llegar hasta la cazoleta. Hay que tener bastante tino, pero vale la pena hacerlo, porque así además se alarga la vida de la pipa.

Al acabar la fumada, hay que dejar que se enfríe la cazoleta antes de vaciarla con la cucharilla del atacador. Luego se desmonta la pipa (“desatornillando” siempre) y se limpia a fondo con la varilla limpiapipas. Cada pipa conviene usarla una vez al día como máximo, por lo que lo normal es que cada fumador tenag varias para irlas rotando.

Y eso es todo para empezar. Si alguno se anima a probar, y tiene alguna duda, que me lo consulte e intentaré ayudarle.

La Historia continúa...

(Historia Visual de León nº 8 y final)
MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ, RICARDO CHAO
Diario de León, 14/1/2007

Poco después de la muerte de Franco se iniciaron una serie de contactos de procuradores de Cortes (acuerdo de Tordesillas de 16/2/1976) y presidentes de Diputaciones correspondientes a las provincias leonesas y castellanas (Monzón el 23 de febrero, en León el 15 de marzo y a la que se incorpora Asturias), en Salamanca el 9 de abril, en Segovia el 17 de mayo, en Valladolid el 21 de junio y con Fraga el 28 de junio de 1979) con objeto de acordar una mancomunidad de diputaciones leonesas y castellanas. Los representantes de la provincia de León provenientes del Régimen de Franco, aunque participaron en estas reuniones, siempre mostraron reticencias remarcando las peculiaridades leoneses y su mayor afinidad con Asturias, lo que trajo consigo la participación de la diputación asturiana en las siguientes reuniones que llego a participar en algunos manifiestos.

En 1977 se propone una mancomunidad de Diputaciones de Castilla y León organizada según los siguientes organismos: un pleno que reuniría a los presidentes de la diputaciones, una comisión de gobierno con dos representantes por provincia, una presidencia y dos vicepresidencias de carácter rotatorio que distinguía entre provincias leonesas y castellanas, de forma que, por ejemplo, a un presidente leonés le correspondiera un vicepresidente primero castellano. Sin embargo, las diputaciones de León, Logroño y Santander no se adhirieron a esta mancomunidad en un primer momento, aunque lo hicieron finalmente. La mancomunidad no llego a materializarse.

El regionalismo castellano vallisoletano impulsaba el proceso de formalización y control de su región "castellano-leonesa" a través de medios de prensa, como el Norte de Castilla, o asociaciones como la Alianza Regional o el Instituto Regional de Castilla y León (que no contaron con apoyo en León) además de su notable influencia en el Gobierno Central.

El Norte de Castilla impulsaba de esta forma la autonomía de Castilla y León: "Castilla reclama su estatus de autonomía y ustedes son los representantes de Castilla. Y si es por un lugar simbólico para reunirse, la geografía de nuestra región está plagada de lugares históricos marcados por la petición de libertades: Villalar, Tordesillas, Toro, Medina del Campo,…"

Mientras, la provincia leonesa tanteaba posibilidades: unión con Asturias, con Zamora y Salamanca, con Castilla o sola. Por ejemplo, la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos en colaboración con la Diputación de León y el patrocinio de la Federación Astur-Leonesa de Cajas de Ahorros realizó un estudio para analizar la viabilidad de una comunidad asturleonesa que concluía importantes vinculaciones asturleonesas: continuidad poblacional, existencia de flujos económicos, recursos naturales, etc. que complementado con una planificación económica conjunta daría lugar a una unión integrada y coherente.

El 2 de julio de 1977 se reúnen los parlamentarios socialistas de Ávila, Burgos, Palencia, Salamanca, Segovia, Valladolid y Zamora, el 10 de julio de 1977 los de UCD de Ávila, Burgos, Palencia, Salamanca, Segovia, Valladolid, Zamora y Santander, de UCD en Monzón de Campos para constituir comisiones de estudio para una autonomía "castellano-leonesa".

El 15 de junio de 1977 se producían las primeras elecciones democráticas.
El 30 de julio se constituye la Junta de Parlamentarios de Castilla y León en la que los parlamentarios de León, Logroño y Santander manifestaron de forma clara sus dudas. Fue necesario reconocer que la Junta no prejuzgaba el ámbito geográfico regional así como la existencia de dos regiones ya que hablaban de "Castilla y de León".

El 31 de octubre se constituye la asamblea de Parlamentarios de Castilla y León en la que los correspondientes a León, Logroño y Santander manifiestan de forma creciente su incomodidad. En el caso de León como consecuencia de la cada vez más evidente asimilación castellana. El Ministro de las Regiones, Clavero Arévalo, decidió "esperar a la Constitución y no reconocer preautonomía ni a León, ni a Santander ni a Logroño".

Después de las elecciones de 1977, el presidente de la Diputación de León, Emiliano Alonso Sánchez, hizo una llamada al protagonismo popular a la hora de configurar la autonomía para León, declarando que León "posee todas las condiciones necesarias para actuar con rango de protagonista, sin subordinaciones, en los planteamientos de regionalización" a pesar de haber participado en la construcción de la Mancomunidad de Diputaciones de Castilla y de León. Presidente también de AP, se declaraba partidario de la unión con Asturias o de la autonomía del Reino de León. Rodolfo Martín Villa, tras ser declarado líder de UCD en León declara: "No es la imposición artificial, aún cuando ésta pudiera proceder de una asamblea de parlamentarios, sino un amplio consenso básico, la mejor fórmula para entender y solucionar esta cuestión. Difícil de conseguir, pues León ocupa un lugar geográfico de encrucijada, con características bien diferenciadas de las provincias distintas que integran las regiones de Castilla, Asturias y Galicia" (Diario de León 19/7/1977). Baldomero Lozano dirigente del PSOE leonés había abandonado la asamblea de parlamentarios castellanoleoneses hacia finales de 1977 y manifestaba que era el pueblo leonés el que debía decidir. A favor de la autonomía de Castilla y León estaba únicamente el PCE y el independiente Cordero de Campillo, que aunque acérrimo defensor de la identidad leonesa, prefería la unión de León y Castilla al de una autonomía leonesa uniprovincial, debido al escaso apoyo de Zamora y Salamanca a una autonomía para la región leonesa.

El 11 de octubre de 1977 de constituye el Grupo Autonómico Leonés mientras que Ciudadanos Zamoranos se legaliza el 24 de noviembre de 1978. La Liga Comunista Revolucionaria, Partido Socialista Popular, los carlistas y la Izquierda Republicana eran también abiertos partidarios de la autonomía leonesa.

En 1977, cuando se hace público en Valladolid y Burgos el primer proyecto de estatuto de autonomía "castellano-leonés" los parlamentarios leoneses no sólo no habían participado en su redacción sino que incluso se enteraron por él en la prensa según desvela Ríos Suárez en La Hora Leonesa el 7 de agosto de 1977. La Diputación provincial de León afirmó en pleno celebrado el 12 de diciembre de 1977 que "La Diputación y Ayuntamiento de la Provincia han permanecido totalmente marginados en la elaboración de propuesta regional alguna".

El 18 de marzo de 1978 se manifestaron más de 4.000 leoneses con el lema: "Por la autonomía y el referéndum de la región leonesa". Esta primera marcha consiguió que los parlamentarios leoneses no asistieran a la siguiente reunión de la Asamblea de Parlamentarios de Castilla y León.

El 30 de junio de 1978 el Consejo de Ministros aprobó la preautonomía de Castilla y León, en la que fueron incluidas las provincias de Santander, Logroño y León a pesar de que sus representantes políticos se habían autoexcluido de este proceso. En León, ni UCD, ni PSOE ni AP defendían la incorporación de la provincia de León a ese consejo. Aunque en derecho y como rezaba el real decreto promulgado a este respecto, el régimen preautonómico no prejuzgaba su ubicación autonómica posterior, la futura organización territorial quedaba fuertemente condicionada. Riojanos, cántabros y leoneses se quedaron por tanto sin régimen preautonómico propio, pero a la espera de que la aprobación del texto constitucional y la aper­tura de una nueva legislatura les abriera otras vías por las que canalizar sus aspiraciones, como fue el caso de Logroño o Santander. El 30 de junio de 1978 se constituye el Consejo General de Castilla y León. El Presidente del Consejo General de Castilla y León, José Manuel García Verdugo envió una carta a todos los alcaldes de las provincias integrantes para advertirles sobre una campaña disgregadora: "En esta campaña que pretende la división de castellanos y leoneses parecen estar implicados claros enemigos de la Constitución y de la democracia, y representantes de intereses egoístas e insolidarios. Su gravedad es indudable, ya que provoca discrepancias y enemistades, precisamente en momentos que requieren serenidad y sosiego". En Palencia en 1979 dijo: "Estamos en Palencia porque debíamos estar en Palencia. Esto parece una redundancia y voy a tratar de explicarlo. Porque aquí comenzamos nuestra andadura preautonómica, porque ésta es una tierra corazón de Castilla y León y porque es la demostración y la síntesis de que no hay dos territorios ni dos regiones. Y si no, que me diga alguien, desde los historiadores o los políticos o los sociólogos, si Palencia es León o Palencia es Castilla, Palencia es la resultante de Castilla y León, como de alguna manera, pero paradigmáticamente lo son el resto de las provincias. Con esto hemos querido darle también un simbolismo y un mentis a todos los que nos introducen en la dialéctica de las dos regiones".

Para los promotores de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, las provincias de León y Castilla se sienten castellanas aunque en León había tensiones centrífugas debido a su situación periférica y sus estrechos vínculos con Asturias y Galicia. Consideraban que no debía construirse una región bajo principios históricos ya que el verdadero hecho diferencial castellano no había que buscarlo en la historia sino en "la pobreza, la desatención, la incultura, que dan como resultado el estado agónico en el que nos debatimos"(Carlos Carrasco-Muñoz de la Vera, secretario del Instituto Regional de Castilla y León que escribió La alternativa de Castilla y León)
El PSOE se pronunció a favor de la autonomía uniprovincial de León el 23 de septiembre de 1978 "considerando que León es una región que históricamente ha sido y es sentida y querida por sus habitantes y que desde el punto de vista económico es viable y conveniente" (La Hora Leonesa 24/9/1978).

En enero de 1979 se constituía el Bloque Radical del País Leonés que propugnaba una federación del País Leonés integrada por El Bierzo y León.

El 1 de marzo de 1979 se producían las segundas elecciones democráticas.
En 1979 aparecía un "manifiesto berciano" promovido por el Movimiento Regionalista Berciano que reclamaba la conversión del Bierzo en provincia como lo había sido en los años 1821-23, el cual se presentó a las elecciones bajo las siglas de Independientes del Bierzo. El 23 de abril se inscribía el Partido del Bierzo.

El 23 de mayo de 1979 se crea la Comisión de Autonomías en la Diputación Provincial de León que elaboró una encuesta sobre la autonomía leonesa dirigida a todas las instituciones, entidades y corporaciones de peso en la provincia de León. Los resultados: 50,7% a favor de León solo, el 6,98% con Asturias, el 6,98% con Castilla-León, el 2,79% con Asturias y Cantabria, el 3,26% con Zamora y Salamanca, el 0,90% con Galicia y Asturias y el 0,93% con Galicia. Además, en la encuesta encargada por la Diputación Provincial, en las de Marcelino Elosúa, Prisciliano Cordero del Castillo y el periódico Ceranda, la opción autonómica leonesa (uniprovincial o con Zamora y Salamanca) era la predominante, por encima de la favorable a Castilla y León.

En septiembre de 1979, Rodolfo Martín Villa, líder de la UCD, hacía un comunicado en el que se afirmaba que "el partido tomará una decisión que se está dibujando y perfilando sobre la base de León como Provincia Autónoma", "La autonomía de León para UCD no es, ni lo será nunca, una cuestión de partido, sino una cuestión leonesa" (Diario de León 19/9/1979). Cuando el ex ministro Martín Villa fue nombrado presidente de la Comisión de Autonomías de la UCD a principios de octubre de 1979, la decisión no fue bien acogida por los ucedistas vallisoletanos porque según ellos el ex ministro "juega ahora la baza de desglosar también de la región castellano-leonesa las provincias de Zamora y Salamanca para propiciar una autonomía que encuadre las tres provincias del antiguo reino de León". El 15 de marzo de 1979 El País anunciaba que Martín Villa estaba entrando en contactos con miembros de la UCD de Salamanca y Zamora para llevar a cabo el proyecto de la autonomía leonesa. Para el diario nacional el incentivo de crear esta región estaría en el canon energético, es decir en las compensaciones monetarias que esperaban recibir estas tres provincias productoras de energía.

El 3 de agosto de 1979 la Diputación de León había exigido la supresión del término León de la "Comunidad de Castilla-León".

El II Congreso provincial de AP aprueba por mayoría la autonomía uniprovincial leonesa el 21 de septiembre.

El 25 de marzo de 1980 Rodolfo Martín Villa reúne a gente de su partido en Astorga para anunciarles la incorporación de la provincia de León al proceso autonómico "castellano-leonés". Días más tarde declara en la prensa: "Con el corazón en la mano hubiésemos preferido votar por León solo, pero han primado las razones de estado" (Diario de León 29/3/1980).

El 30 de marzo de 1980 el PSOE hace también pública su apuesta por la inclusión de León en el ente "castellano-leonés". Sin embargo, "en esta misma época importantes sectores del PSOE, encabezados por Álvarez de Paz, pretendían también la autonomía uniprovincial, o en su caso, la constitución de una región formada por los territorios de León, Zamora y Salamanca. La enérgica intervención del senador vallisoletano Juan Antonio Arévalo, secretario general de los socialistas castellanoleoneses, forzó un cambio de postura de sus correligionarios, que aceptaron el hecho regional tal y como hoy se contempla". Desde 1977 PSOE y UCD se habían estructurado territorialmente de acuerdo a la configuración preautonómica.
Según Mariano González Clavero: "En la provincia zamorana el proceso de adhesión al proceso autonómico resultó un tanto polémico. Desde el Norte de Castilla se acusó a la UCD zamorana de estar sondeando la posibilidad de constituir una autonomía leonesa, con las provincias de León, Zamora y Salamanca. Para el corresponsal del diario vallisoletano, la iniciativa autonómica estaba siendo abordada por los ucedistas zamoranos con gran parsimonia, dejando entrever que ‘se esperan órdenes’. La posibilidad de que se terminara constituyendo una autonomía basada en el antiguo Reino de León siempre preocupó en la provincia vallisoletana". Finalmente, UCD lo negó y votaron a favor de la inclusión de Zamora al ente.

Estaba a punto de terminar el plazo de seis meses establecido en el artículo 143 para que los ayuntamientos votaran la inclusión en el ente "castellano-leonés" sin que León hubiera iniciado ningún tipo de acción tendente a incorporarse en él. Sin embargo, entre el 16 y el 25 de abril de 1980, es decir, en sólo diez días, los ayuntamientos votaron favorablemente a la unión de León a Castilla. Según este margen tan estrecho y teniendo en cuenta que en los sondeos previos los políticos leoneses estaban claramente a favor de una autonomía leonesa y que años después se retractaron, es evidente que fue un proceso muy irregular. Luis Aznar, presidente provincial del CDS declaró al Diario de León el 30/9/1984: "Hoy día nadie niega que existió un fraude, político al menos, en las actuaciones de los parlamentarios y políticos que solicitaron la incorporación de nuestra provincia a la autonomía castellana".

El 12 de abril de 1980 tuvo lugar la segunda manifestación leonesa en la que participaron cerca de 10.000 manifestantes. A pesar de esto, el mismo día el PCE, UCD y PSOE, en la Diputación ratificaron el acuerdo de integración en Castilla y León.

El 15 de mayo de 1980 y bajo la dirección de José María Suárez, Alianza Popular, Grupo Autonómico Leonés, Partido del Bierzo y Partido Regionalista de País Leonés presentan un recurso por irregularidades en este proceso de votación relativos a 55 municipios ante la Audiencia Territorial de Valladolid que es desestimado el 28 de julio de 1982. La sentencia es recurrida ante el Tribunal Supremo.

En junio de 1981 se presentaron varias enmiendas al texto base del estatuto de autonomía de Castilla y León para que se reconociese de forma expresa la diferenciación regional entre León y Castilla e introduciendo una fórmula que permitiera la segregación de la provincia de León. No fueron aceptadas.

Los políticos de UCD que el 16 de abril de 1980 votaron a favor de la autonomía "castellano-leonesa", quieren en 1983 una autonomía leonesa. Afirman que "su participación en acciones equilibradoras ya no es imprescindible", "que se han producido autonomías uniprovinciales cuyo rodaje satisfactorio demuestra la viabilidad del modelo" y, que "para León y para los leoneses, la preautonomía de Castilla y León se ha manifestado rotundamente ineficaz".

Estas declaraciones del portavoz de UCD del ayuntamiento de Ponferrada, que anteriormente había votado a favor de la integración en el ente "castellano-leonés", ilustran claramente lo que sucedió: "El sentimiento, la aspiración de todos los componentes de la Diputación, así como la mayoría de mujeres y hombres de El Bierzo, era el de optar por León solo, lo que así se manifestó en una primera encuesta realizada entre los ayuntamientos. Si esto era una realidad, también es cierto que se planteaba otra cuestión tremendamente importante y es que a la hora de gobernar se encontraban ciertas dificultades porque había un grupo andalucista, un grupo catalán, otro vasco y algún que otro diputado que estaba en forma independiente. Nuestro presidente provincial de partido, que en aquel momento tenía bajo su responsabilidad llevar a cabo el mapa autonómico de España llegó a la conclusión de que si proliferaban para lo sucesivo los entes autonómicos demasiado, llegaría un momento en el que el Congreso de los Diputados habría más diputados que intentarían defender los intereses peculiares de cada una de sus zonas que los intereses del Estado en su generalidad, de ahí su gran sublime idea de atajar en parte todo aquello que se veía casi seguro. Efectivamente lo atajó y consiguió consolidad un Estado, que a la hora de la verdad nos lo ha puesto de manifiesto las elecciones generales, en las cuales los partidos que derivaban de los entes autonómicos empezaron a perder fuerza y lo que adquirió fuerza fueron los partidos de ámbito nacional. Por lo tanto si se entendía que el Estado iba a ser ingobernable si proliferaban los diputados dimanantes de los partidos regionalistas en el año 1980, es cierto que en 1983 aquella duda, aquel temor, aquella angustia había quedado desvanecida. Es decir, por una necesidad de Estado se dijo sí a incluir a León en el ente castellanoleonés; por una razón de estado se atendió aquella necesidad, no porque realmente lo desease el pueblo de León y mucho menos sus representantes. En aquel entonces se consiguió que cada uno olvidase los verdaderos deseos, sus máximas aspiraciones y mejores logros para León en beneficio de algo que era más importante, que era la consolidación del Estado" (Diario de León, 16/1/83).

El 13 de enero de 1983 la Diputación de León, con mayoría de UCD, presenta una moción que pedía dejar sin efecto la sesión del 16 de abril de 1980, proclama su deseo de salir del ente "castellano-leonés" y pide el inicio de un proceso de autonomía uniprovincial para León con 22 votos a favor de la UCD y AP, frente a 4 de PCE y PSOE. Por esto Rodolfo Martín Villa presentó la dimisión de sus cargos.

El 19 de enero de 1983 el Ayuntamiento de Ponferrada decide en pleno extraordinario la desvinculación de León del ente y en una segunda votación la solicitud de una autonomía uniprovincial leonesa. Esta iniciativa fue secundada en otros ayuntamientos. El 25 de octubre lo haría el de León.

El 20 de enero de 1983 se reúne la Comisión Constitucional para tratar el estatuto de autonomía de Castilla y León y el Grupo Popular presenta una enmienda a la totalidad en la que se pedía la exclusión de León. Se presentó igualmente una enmienda en el Senado. Estas propuestas fueron rechazadas en el Congreso y en el Senado.

El 29 de enero de 1983 unas 20.000 personas salieron por tercera vez a la calle, encabezadas por el presidente de la Diputación y el alcalde de León. Allí defendieron la autonomía leonesa con la idea: "para desvincular a León del ente de Castilla y León".

El 3 de junio de 1983, 59 senadores de AP presentaron al Tribunal Constitucional un recurso de inconstitucionalidad respecto al Estatuto de Autonomía de Castilla y León, "en cuanto abarca la provincia de León y a las menciones que de tal provincia hace el Estatuto".

El 13 de octubre de 1983 el Tribunal Supremo juzga válido el acuerdo adoptado el 13 de enero de 1983 por la Diputación favorable a separar León de Castilla.

El 4 de mayo de 1984, 35.000 manifestantes según la prensa, 90.000 según la Policía Municipal, se posicionaron en contra de la incorporación de León a la "Comunidad Autónoma Castellana" y a favor de León solo. Esto muestra como el número de asistentes a manifestaciones aumentó constantemente. En ningún momento se produjo una movilización que defendiese la autonomía de Castilla y León, o cualquier otra opción que no fuese la leonesa. Además, la presencia de leoneses el 23 de abril en Villalar o en actos similares fue siempre muy escasa.

El Tribunal Constitucional dictamina sentencia el 28 de septiembre de 1984 desestimando el recurso presentado e invalidando la decisión de la Diputación del 13 de enero de 1983 de segregarse del ente.

Desde entonces la lucha mantenida por los políticos leoneses por defender los derechos de León a su autonomía e incluso a que la historia, la cultura,…la identidad leonesa en definitiva, fueran respetadas y fomentadas se esfumó. En la actualidad, las principales fuerzas políticas leonesas dicen que el proceso autonómico está cerrado, a pesar de que jurídicamente no lo está. Es únicamente una cuestión de voluntad política que debería estar acorde con la voluntad de los ciudadanos representados.

Por otra parte, el regionalismo vallisoletano consiguió institucionalizar su concepto regional logrando así los recursos necesarios para inculcar su unitaria concepción regional castellano-leonesa a través de estadísticos, geógrafos, cartógrafos, historiadores, prensa, televisión, publicidad y muy especialmente mediante la educación escolar con las asignaturas de Geografía e Historia. Todo ello contribuye a la ocultación de León como muy bien explica Juan Pedro Aparicio en su Ensayo sobre las pugnas, heridas, capturas, expolios y desolaciones del viejo reino, en el que se apunta la Reivindicación leonesa de León: "Y es que a León, a base de no nombrarle, se le ha hecho desaparecer" "La ocultación que padece León es tan inmensurable que ya forma parte e su misma esencia. León y su ocultación pueden considerarse términos sinónimos".

¿Y el futuro? Depende exclusivamente de nosotros, de los leoneses, de si tenemos voluntad o no en seguir siendo uno de los pueblos de España. Sin embargo, si queremos proyectar un futuro sólido es necesario comprender nuestro presente el cual es consecuencia del pasado, o como dijo Ambrosino a Rómulo en la novela de Massimo Manfredi, La Última Legión: "Cuando se huye y uno deja todo a sus espaldas, el único tesoro que podemos llevarnos con nosotros es la memoria. Memoria de nuestros orígenes, de nuestras raíces, de nuestra historia ancestral. Solo la memoria puede permitirnos renacer de la nada. No importa dónde, no importa cuándo, pero si conservamos el recuerdo de nuestra pasada grandeza y de los motivos por los que la hemos perdido, resurgiremos"

POR QUÉ FUMO EN PIPA

25 de enero de 2007

La razón más sencilla es porque me gusta. Creo que la idea de empezar me surgió cuando leí por vez primera “El Señor de los Anillos”, allá por el año 1992. Sin embargo, a pesar de que durante una temporada ya había fumado puros a escondidas en los recreos del colegio, creo que lo que me echó para atrás fue el precio de las cachimbas (las más baratas valían unas 3000 pesetas, es decir, unos 18€), y la certeza de que mis padres se opondrían frontalmente a verme fumar en uno de tales artilugios.
Así que el proyecto de comenzar a fumar en pipa durmió el sueño de los justos hasta que, cuando ya había empezado Biblioteconomía, y ya había leído “El Señor” unas cuatro o cinco veces, se me ocurrió un plan para evitar el rechazo paterno: compré una pipa en un estanco (una “Bruyere” baratina), y se la dí a un amigo con el encargo de que me la “regalase” amablemente. La maquinación funcionó, y tras varias pruebas previas (y si mal no recuerdo), oficialmente comencé a fumar en pipa la Nochevieja de 1996. Los inicios fueron muy frustrantes: la pipa se me apagaba cada poco, y tan sólo me duraba una escasa media hora. Eso sí; me encantaba el sabor de los tabacos con los que experimentaba (Borkum Riff Ultra Light, y las variedades de vainilla y whisky), aunque a cambio obtuve unos mareos de campeonato. En el estanco donde me vieron la pipa y el tabaco me regalaron un atacador, pero en mi ignorancia pensé que sólo servía para limpiar de ceniza la cazoleta. Durante muchos años ignoré la existencia de algo tan básico y necesario como las escobillas limpiapipas, unas varillas de alambre fino recubiertas de una especie de algodón que sirven para retirar la humedad del interior de la pipa mientras se fuma. A causa de este desconocimiento, mi primera y veterana pipa se fue desconchando y adquirió un aspecto sencillamente cochambroso.
Pero algunos años después, gracias a la página del Barcelona Pipa Club , tuve la suerte de entrar en contacto con “La Pipalista”, una lista de correo electrónico en la que cientos (tal vez miles) de fumadores de pipa intercambian sus experiencias, pruebas de tabaco, etc., etc. Sus correos inundaban mi Outlook, ya que llegaban varias docenas al cabo del día, pero allí aprendí todo lo necesario para conseguir unas fumadas largas y satisfactorias. Gracias a esta lista aprendí que el tabaco se puede usar como ingrediente de cocina; descubrí que existe un tabaco casi prohibido con el exótico nombre de Latakia (y tuve mis escarceos con él); sufrí con el Pipa Club de Barcelona cuando sus caseros intentaron echarlos de su magnífico club social, etc.
En la actualidad, he desterrado los Borkum de mi repertorio, y se podría decir que mi marca favorita es MacBaren, aunque mis tabacos favoritos son el Springwater y el Calumé (en este orden). Por desgracia llevo meses sin probar el primero, porque no consigo encontrarlo en ningún estanco leonés.
Pero no vayáis a pensar que me paso el día con la pipa en la boca: aunque siempre llevo una conmigo en mi inseparable zurrón, tan sólo la utilizo los fines de semana, y no todos. Quizás por eso la utilizo más frecuentemente en vacaciones.
Algo que he comprobado en estos años es que fumar en pipa no es adictivo, ya que puedo pasarme semanas sin fumar y sin sentir el “mono” que tuve tras abandonar los cigarrillos (la escasa semana que los fumé). Me imagino que este hecho se debe a varios factores: en primer lugar, a que, como en el caso de los puros, no se traga el humo (sólo se saborea). En segundo lugar, porque, al parecer, el tabaco de pipa lleva menos aditivos que el de los cigarrillos. Y, en tercer lugar, porque fumar en pipa requiere tranquilidad y sosiego, mientras que encender un cigarrillo es rápido y sencillo.
Contra lo que pueda parecer, existe una mayor variedad de tabacos de pipa que de cigarrillos: a la gran diversidad de marcas (Borkum Riff, MacBaren, Gravina, Amsterdamer, etc.) hay que sumarle toda la plétora de sabores que ofrece cada una de ellas (vainilla, cereza, mango, etc., pasando por la Latakia –de horrible olor- y el tabaco puro sin aditivos).
Si tengo tiempo y ganas, os irá enseñando poco a poco mis diferentes pipas, y mis tabacos favoritos. En el próximo artículo sobre el tema, explicaré el procedimiento a seguir para preparar, encender y fumar una pipa.


Margarita Torres recibe el título de Socia de Honor de ProMonumenta

13 de enero de 2007

Éste ha sido uno de los galardones que aporta menos económicamente, pero que representa mucho en el corazón de muchas personas.
Desde aquí, mi más cordial enhorabuena para mi antigua profesora.


AHORA TAMBIÉN SOY PERIODISTA (O REPORTERO DIGITAL)

5 de enero de 2007

Si me lo cuentan hace quince días, no me lo hubiera creido: hace una semana recibí una llamada telefónica de Alfonso Rojo (uno de los principales periodistas de España) para ver si quería participar en su proyecto "Reportero Digital" dirigiendo la delegación de la provincia de León. Resulta que había visto este Cuaderno de Notas y el Anillo Leonés, y que le habían gustado mucho. Nos vimos en León cuando iba a visitar a su familia a Molinaseca (es berciano), hablamos del tema largo y tendido, y me convenció.
Los últimos días los he pasado en Madrid, en la Redacción, conociendo a la maravillosa gente que la compone, y aprendiendo un montón de cosas. Esta es la razón por la que no he participado nada en los foros ni he actualizado el Cuaderno últimamente. Regresé ayer a León, porque el periódico lo realizaré principalmente desde casa (ventajas de ser un medio digital).
Así que ahí me tenéis, en http://www.reporterodigital.com/leon, esperando vuestras sugerencias, críticas y comentarios. Los que me conocéis ya sabéis que intentaré defender León y todo lo leonés desde este medio.
Una de las partes más interesantes de este periódico digital (hijo, precisamente del Periodista Digital) son los blogs que integra (más de 600): si estás interesado en participar, te lo hacen y te lo alojan gratuitamente, y tus opiniones aparecen en la página principal del periódico de tu comunidad o provincia. Si el artículo es lo bastante atractivo, puede llegar a aparecer en la portada nacional (que leen más de un millón de personas al mes). Yo estoy en proceso de hacerme el mío, y en cuanto lo tenga y sepa manejarlo, os animaré a participar. Venga, que de momento el lugar de los blogeros leoneses lo está ocupando gente de otras provincias.

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